Mala leche y GEI

Existen más de 4.000 especies diferentes de mamíferos y entre ellas los seres humanos somos una más. Todos los mamíferos, sin excepción, estamos diseñados para alimentarnos durante nuestra primera etapa de vida, con la secreción láctea de nuestra progenitora, la leche materna. Este período es denominado como etapa lactante. Cada madre de cada especie posee la leche específica para su cría, rica en aquellos componentes nutricionales e inmunológicos que garantizan su supervivencia, y permiten el desarrollo que su particular crecimiento requiere. La leche de elefante por ejemplo posee el equilibrio necesario entre proteínas y carbohidratos necesarios para su especie. La de foca, aporta altas concentraciones de grasa que ofrecen a la cría la protección contra el frío que deberá soportar. La de vaca contiene grandes cantidades de proteínas que favorecen el desarrollo y rápido crecimiento muscular del ternero, para que éste pueda sostenerse sobre sus patas y caminar desde el mismo día de su nacimiento.

Alimentarnos con leche de otra especie no aporta ningún beneficio extra, y produce desequilibrios en nuestro organismo.

Sin embargo, la leche de vaca se ha convertido a lo largo de los años en un alimento muy apreciado, debido a la errónea creencia de que ésta nos aporta calcio y huesos fuertes… Aunque la leche de vaca tiene calcio, si éste no se fija, no sirve de nada, y el cuerpo humano no está preparado para absorber el calcio de esta leche. Además, la proteína láctea presente en la leche de vaca, produce un ph ácido que hace que eliminemos el calcio que ya tenemos asimilado y fijado en nuestros huesos para tratar de eliminar esta acidez, con lo que perdemos más calcio del que ganamos.

¿Por qué la vaca da leche? La vaca como cualquier mamífero produce leche para amamantar a su cría durante el período de lactancia, momento en que el ternero necesita la cercanía de su madre y el alimento que ésta le proporciona. Para obtener la leche, se separa al ternero de la madre cuando apenas cumple unos días de vida. La separación entre la madre y la cría, produce una tristeza muy profunda en ambos. La madre vaca llama durante días al ternero, mostrando un agudo estado de ansiedad y angustia. Una vez que se ha agotado la leche de este ciclo, es inseminada artificialmente para seguir produciendo leche con un nuevo embarazo. Su cría le será arrebatada nuevamente, para poder seguir robando su leche, y cuando ya no pueda ser más explotada, será sacrificada para alimento. La frecuencia del ordeño es entre dos y tres veces al día, los siete días de la semana e incluyendo 7 de sus 9 meses de embarazo. El ordeño se realiza con maquinaria eléctrica. Después las devuelven a sus celdas individuales sin apenas capacidad de movimiento. El ternero es llevado a otra nave, donde nunca más volverá a ver a su madre. Permanecerá allí sin recibir ningún estímulo, alimentado con una dieta sustitutiva y deficiente en hierro, causando anemias severas, para que la carne sea más blanca, haciéndola así más valiosa para su comercialización. Todo esto produce que algunas crías mueran incluso antes de llegar a la edad establecida para ser sacrificadas.

Las vacas de la industria lechera son descornadas para evitar daños a los cuidadores durante la manipulación, o entre ellas, algo que podría ocurrir fácilmente al estar hacinadas en espacios pequeños. El descuerne se realiza de forma química o mecánica, la primera con productos cáusticos o tenazas candentes que queman la membrana sensible e impiden el desarrollo del cuerno a temprana edad, la segunda consiste en mutilar los cuernos con sierras, guillotinas, cuchillos o alambres cortantes. Ambos procedimientos son muy traumáticos y dolorosos, y las heridas pueden tardar tres meses o más en cicatrizar, provocando en ocasiones la muerte.

El deseo de vivir, el derecho a la libertad, a no sufrir dolor físico y emocional, de un animal explotado, no es tenido nunca en cuenta, pues interfiere directamente con los intereses de quien lo explota. Ésta es básicamente la vida de una vaca y su cría en las naves lecheras.

La industria láctea mueve más de diez mil millones de euros al año sólo en España.

Tenemos cerca de ochocientas cincuenta mil cabezas de vacas, que dan más seis millones de toneladas de leche al año, aproximadamente dieciocho litros de leche por vaca al día. Se calcula que aproximadamente el 20% del gasto que las familias tienen destinado a la alimentación está destinado a la industria láctea y sus derivados (leche, yogures, quesos, mantequilla…). Lo que la sitúa como la industria de alimentación más rentable en España. Datos de Magrama (Ministerio de Agricultura Alimentación y Medio Ambiente). El 40% del presupuesto de esta industria está destinado a marketing y publicidad, ¿para qué? Para contarnos una película que dice: Los productos lácteos son beneficiosos para nuestra salud, y las vacas y terneros son felices. Llevan años adoctrinando sobre las ventajas de la leche a través de los medios de comunicación, por encima de los derechos de los animales, de nuestra propia salud y del planeta. La publicidad engañosa, muestra una vaca feliz en el paquete de quesitos, en la tapa del yogurt o en el break de la leche, pero la realidad es otra.

¿Por qué la leche es nociva para la salud? La leche, contrariamente a la creencia popular, es un producto altamente perecedero, que requiere diversos procesos para conseguir un almacenamiento y conservación prolongada. Tanto el mercado Español como mundial, vende leche procesada, esto es igual a decir leche recalentada. La leche es sometida a diferentes tipos de tratamientos, que dan como resultado leche homogeneizada, pasteurizada, esterilizada, etc. Uno de los principales consiste en llevar la leche a una temperatura específica para matar microorganismos, pero este mecanismo conlleva también acabar con las bacterias beneficiosas, las vitaminas del grupo (A, B, C y D), la mayoría de aminoácidos esenciales, y las enzimas necesarias para su digestión; y además con este tratamiento térmico se transforma la estructura química de la proteína. Las consecuencias de esa transformación molecular en nuestro organismo se desconocen.

Recientes investigaciones del Dr. Ballesteros de la Universidad de Jaén, dieron como resultado, hasta veinte tipos diferentes de fármacos en un solo vaso de leche. La aplicación de hormonas y antibióticos es habitual en la industria láctea. Los antibióticos les son suministrados a las vacas para tratar infecciones como la mastitis, infección dolorosa que afecta a las ubres, al estar enganchadas a las máquinas ordeñadoras por largos periodos. El exceso de hormonas se da por varias circunstancias. Por un lado las vacas productoras de leche, están la mayor parte de su vida embarazadas y no les da tiempo a eliminar las hormonas entre cada ciclo, y por otro lado, la administración de la hormona somatotropina, que ha sido manipulada genéticamente para forzar a la vaca a producir más leche. También se han detectado restos de pus en la leche, producido por las infecciones mamarias.

Por otro lado, la lactosa, azúcar presente en la leche produce cólicos, gases, inflamación abdominal, complicaciones digestivas, nauseas, calambres y diarrea. Son los llamados casos de intolerancia a la lactosa; y la caseína, proteína de la leche, es una sustancia áspera y espesa que se utiliza para la fabricación de pegamentos, pinturas y plásticos de uso industrial, y constituye el mayor porcentaje de la leche. Como consecuencia de la descomposición bacteriana de la caseína, se produce un moco espeso, que obstruye las vías respiratorias y está relacionado con enfermedades como asma, rinitis y sinusitis. Esta acumulación de mucosidad, tiene lugar por la carencia de mecanismos digestivos en el cuerpo humano, útiles para descomponer la caseína correctamente. Algo para lo que sí está preparado el cuerpo de un ternero.

La leche y el planeta.

La industria láctea precisa de un gran consumo de energía y agua en su proceso de producción y vierte grandes cantidades de aguas residuales con alta carga contaminante.

Todos estos factores de salud, sumados a la huella ecológica y al sufrimiento y explotación de las vacas y sus crías en la industria láctea, dan una idea aproximada de por qué no es bueno consumir leche ni sus derivados.

El 1 de abril de 2015 entrará en vigor la liberación del sistema de cuotas lácteas en Europa. Hasta ese día, cada país tenía una cuota de leche asignada, que equivalía a la cantidad máxima que podía producir. Sin embargo, con la nueva normativa, los países podrán producir sin otra limitación que la del propio mercado, datos extraídos del INLAC (Organización Interprofesional Láctea).

Alternativas a la leche y fuentes de disponibilidad de Calcio

La exposición solar (diez minutos al día) favorece la producción de vitamina D de forma natural, esencial para la óptima absorción del calcio en nuestro cuerpo.

Las fuentes vegetales de calcio, favorecen un mayor aprovechamiento con menor esfuerzo, mientras que las proteínas de origen animal propician la pérdida de calcio por la orina.

Varios estudios muestran que el riesgo de osteoporosis es menor entre mujeres vegetarianas que entre omnívoras.

Los alimentos procesados son causantes de desequilibrios de sodio en nuestro organismo, por lo que también contribuyen a la eliminación de calcio a través de la orina.

Fuentes de disponibilidad de calcio veganas y proporciones

Alga wakame (100 gramos): 1300 mg

Tofu (60 gramos): 300 mg.

Espinacas hervidas (130 gramos): 200 mg.

Higos secos (4 higos): 170 mg.

Garbanzos hervidos (200 gramos): 100 mg.

Habas cocidas (200 gramos): 90 mg.

Brócoli cocido (100 gramos): 80 mg.

Castañas (9 unidades): 55 mg.

Judías verdes (100 gramos): 40 mg.

Semillas de sésamo (15 gramos): 20 mg.

Quinoa (1 taza): 50 mg.

Dosis diaria recomendada de calcio por edad, sexo y condición

0 a 12 meses: 525 mg

1 a 3 años: 350 mg

4 a 6 años: 450 mg

7 a 10 años: 550 mg

11 a 18 años: 800 mg mujer y 1000 mg hombre

19 años en adelante: 700-800 mg

Mujeres lactantes: 1250 mg

Impacto medioambiental de la industria láctea y GEI (Gases de efecto invernadero)

En el año 2011, la ONU alertó que la deforestación avanza a un ritmo de 14.000 hectáreas al día. La mayor causa de desforestación es el cultivo de grano para alimentar ganado, parte del cual está destinado a la industria lechera y el resto a la industria cárnica, que forma parte de la misma cadena de explotación.

La industria láctea emplea mecanismos para la producción de leche con un impacto negativo medioambiental de gran alcance. La actividad del sector lechero afecta a la degradación de las tierras (sobrepastoreo y conversión de bosques en tierras de producción ganadera), la contaminación del aire (por emisiones de GEI, gases de efecto invernadero), la escasez de agua (agua para alimentar al ganado directamente, e indirectamente para regar los cultivos fuente de alimentación del ganado), la contaminación hídrica (residuos orgánicos y químicos derivados de las plantas de producción lechera), el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. La producción de leche es una fuente importante de emisión de gases de efecto invernadero, especialmente de dióxido de carbono (CO2), metano (CH4), óxido nitroso (N2O) y de amoníaco (NH3) procedentes de los establos y otras instalaciones ganaderas, del mal manejo del estiércol y de la energía directa (refrigeración, ventilación y calefacción) e indirecta (fabricación de equipos, transporte). Datos de la ONU a través de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura). El proceso de lavado y desinfectado de maquinaria genera un gran volumen de residuos (grasas, aceites y sólidos), contaminantes para el medio ambiente. Las aguas residuales y vertidos son una fuente de contaminación importante, tal y como indica la FAO, en su informe anual del 2013. En España, el Instituto Tecnológico Agroalimentario, estima que, por cada litro de leche, se producen 4 litros de agua residual.

El agua es un elemento vital para la vida del planeta, y la contaminación hídrica que produce la industria lechera es otro motivo más para reflexionar sobre el consumo de leche.

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